Tras la finalización de la misión Artemisa-2, la agencia espacial estadounidense NASA ha comenzado la preparación para la siguiente fase del programa lunar. Los trabajos principales se centran en la misión Artemisa-3, cuyo lanzamiento está previsto preliminarmente para 2027.
El primer paso fue el traslado de la plataforma de lanzamiento móvil desde el complejo de lanzamiento LC-39B de regreso al edificio de ensamblaje Vehicle Assembly Building. La plataforma inició su recorrido la mañana del 16 de abril y cubrió una distancia de aproximadamente cuatro millas, lo que equivale a unos 6,4 kilómetros. Para el transporte se utilizó el transportador de orugas crawler-transporter 2.
Esta etapa comenzó dos semanas después de la finalización de la misión Artemisa-2. Durante dicha misión, los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen realizaron un sobrevuelo lunar y regresaron sanos y salvos a la Tierra.
Tras el regreso de la plataforma al edificio de ensamblaje, los ingenieros realizarán comprobaciones adicionales, análisis de los datos obtenidos y reparaciones de los elementos que sufrieron daños durante el lanzamiento. En concreto, se trata de los paneles del conducto de extinción de llamas, los mecanismos de elevación, los sistemas neumáticos y las uniones de conexión.
La NASA señala que la modernización de la infraestructura terrestre, teniendo en cuenta la experiencia de la misión Artemisa-1, ha resultado eficaz. A pesar de la carga durante el despegue, que alcanzó unos 8,8 millones de libras de empuje, lo que equivale aproximadamente a 39 meganewtons, la plataforma y el complejo de lanzamiento sufrieron daños mínimos.
El traslado de la plataforma se realiza por etapas. Después del primer día de transporte, los trabajos se detendrán temporalmente para permitir que los equipos en tierra descansen. La marcha continuará el 17 de abril, y entonces la plataforma llegará al edificio de ensamblaje. Allí comenzarán los preparativos para el montaje del cohete para la misión Artemisa-3.
Esta etapa significa formalmente la transición del programa desde el análisis de la misión completada a la preparación práctica del próximo lanzamiento, teniendo en cuenta todas las características técnicas identificadas y las mejoras de infraestructura.